miércoles, 21 de septiembre de 2016

BIOGRAFÍA. 07. DIEGO SIGEO, DE MAESTRO DE Dª MARÍA DE PACHECO A MAESTRO DE LA CASA DE BRAGANÇA Y LOS "MOÇOS-FIDALGOS" DE LA CORTE DE JUAN III DE PORTUGAL.

Terminados sus estudios universitarios en Alcalá de Henares Diego Sigeo casará con la taranconera Francisca de Velasco, dejándosenos constancia de que pasó al servicio de doña María de Padilla en la ciudad de Toledo, a la que unió su destino, hasta la muerte de ésta. Esto debió de ocurrir no antes de 1518, fecha en la que el matrimonio Padilla se estableció en esta ciudad, al suceder Juan de Padilla a su padre en el cargo de Capitán de Gentes de Armas.

María Pacheco y Mendoza, o María de Padilla (1497-1531), fue una de las damas más importantes del reino, pues no en vano su padre era el primer virrey de Granada y su madre la hermana del marqués de Villena.

Fruto —directa o indirectamente— de su participación en la revuelta de las Comunidades o Comuneros, encabezada como sabemos por Juan López de Padilla (1.480-1.521), ya que Sigeo estuvo siempre al servicio de la esposa del líder rebelde, doña María de Pacheco, Diego Sigeo tuvo que huir de España, sin su familia, acompañando a su señora a un duro destierro que ya nunca más tuvo retorno. En efecto, ambos dos, tras ser ejecutado el esposo de doña María, el 24 de abril de 1.521, y tras actuar como cabecilla ella misma durante un año al frente de los sublevados en Toledo[1], al claudicar la ciudad el 3 de febrero de 1.522, tuvieron que fugarse en dirección a Escalona,  buscando el amparo y protección del tío de doña María, el marqués de Villena, quien no la acogió, por lo que se encaminaron a La Puebla de Montalbán, donde se hallaba su otro tío don Alonso, hermano del Marqués de Villena, el cual les preparó su salida definitiva hacia Portugal.[2]

Ésta, pues, siempre estuvo acompañada por Diego Sigeo, recorriendo en esta huida de España diversas localidades portuguesas, como Castelo Branco, La Guarda, Viseu, Porto y finalmente Braga, según nos refiere el mismo Diego Sigeo en su «Relación sumaria del comienzo y suceso de las guerras civiles que llamaron las Comunidades de Castilla, de cuya causa se recogió la muy ilustre señora doña María Pacheco, que fue casada con Juan de Padilla, a Portugal, con quien yo Diego de Sygi vino»[3], de la que ya hemos dejado constancia en nuestra entrada anterior.

Por tanto, hasta 1.531, fecha del fallecimiento de María de Pacheco, estuvieron protegidos por el Arzobispo, ya que fue exceptuada ésta de todos los perdones reales habidos durante su vida[4], además de que permaneció vigente su condena a muerte por rebeldía desde 1.523.

María, pues, subsistió en Portugal con dificultades, primero gracias a la caridad del arzobispo de Braga, D. Diogo de Sousa, que lo fue de 1.505 a 1.532; después, a la del obispo de Oporto, D. Pedro de Acosta. Y a pesar de los intentos de sus hermanos, Luis Hurtado de Mendoza, marqués de Mondéjar, y a los de Diego Hurtado de Mendoza (embajador de Carlos I), que llega a mencionar en una carta que la visitó en Oporto antes de morir, María de Pacheco no logró el perdón real, teniendo que definitivamente establecerse en Oporto hasta su muerte, en marzo de 1.531, como hemos referido. Incluso fue enterrada en la catedral de Oporto (en el altar de San Jerónimo), como hemos visto, ante la negativa de Carlos I al traslado de sus restos a Villalar, para que estos descansaran junto a los de su esposo Juan de Padilla.

Debemos remarcar que esta circunstancia de no alcanzar el perdón real, no se dio en los criados de doña María. Y a pesar de ello, Diego Sigeo continuará siempre al servicio de su señora.

Una vez fallecida su señora, Diego Sigeo  fue “maestro del rey D. Juan III, y del duque de Bragança D. Teodosio, y de D. Duarte, Dª Catalina y Dª María, duquesa de Parma, sus hermanas, hijas del infante D. Duarte; y después lo fue de los mozos hijosdalgo de la corte del rey Juan III[5].

Y es en estos momentos, entre 1536 y 1538, cuando Diego Sigeo hará llegar a su familia taranconera a la corte del duque de Braganza en Vila Viçosa. Aquí pudo abrazar a su hija Luisa, que le era tan desconocida desde su salida, hacía ya más de década y media, y al resto de sus hijos y esposa.

Nadie alabó tanto a Diego Sigeo, como humanista y Maestro docto, como el humanista Vaseo, que exclamó:

"multum debet huic viro Lusitania, quippe vel primus, vel certe ex primis litteras humaniores Lusitaniae invexit, postea illustrisimi Bragantiae ducis & fratrum ipsius praeceptor, nunc tandem in Regiam Familiam cooptatus est, & a Rege studiorum amantissimo docendis aulae Regiae pueris nobilibus praefectis".

Luego lo hará también Antonio Caetano de Sousa, en el siglo XVIII. De él dijo:

«[al Príncipe Theodosio] achandose em idade para ser instruido nas bellas letras, se lhe deu por Mestre a Diogo Sigeo natural de Toledo, Varao doucto, e him dos primeiros Sabios daquella idade, muy perito, e versado nas linguas Orientaes, pay da nunca assaz louvada Luiza Sigea tao celebrada, de quem já no Elogio da Infanta Dona Maria fizemos mençao, e de sua irmana Angela Sigea, tambem erudita nas linguas Latina e Grega, e tao instruida na Arte da Musica, e instrumentos, que podia competir com os mais eminentes professores della, e por isso tambem muito aceita à dita Infanta, a quem servio juntamente com sua irmaa; esta singular educaçao deverao ao cuidado de seu pay, que nao se contentando de crear seus filhos só no exercicio das virtudes, e sciencias, poz toda a diligencia em enfinar as suas filhas tantas linguas. Foy Diogo Sigeo eminente nas letras humanas, e passou a Portugal com suas filhas, parece que com a Rainha D. Leonor, terceira mulher del Rey D. Manoel [sabemos que esto no fue así]; e sendo occupado na honra de Mestre do Duque D. Theodosio, acho que o foy depois do Principe D. Joao [luego Joao III], e tendo servido a Casa de Bragança, foy recebido na Real para ensinar os Moços Fidalgos no Paço, conforme nos mostra o uso daquelle tempo, que foy fecundissimo de homens insignes nas letras humanas, e nao menos nas sciencias: os merecimentos, e serviços de Diogo Sigeo o habilitaron para ser occupado no nobre emprego de Escrivao de Camera del Rey. Com Mestre tao insigne nao podia deixar de aproveitar muito este Principe, e por isso foy tao applicado, e favorecedor dos homens scientes".
Sousa, António Caetano de. História Genealógica da Casa Real Portugueza. Livro VI. Lisboa: Na Regia Oficcina Sylviana, 1739, pp. 3-4.

Y es que, efectivamente, tras pasar al servicio de la Casa de Braganza, Diego Sigeo fue alcanzando notoria fama como humanista preclaro y docto, constituyéndose en uno de los referentes del humanismo portugués, como dan buena cuenta las relaciones con André de Resende, Clenardo, Vaseu, etc, con quienes compartió labor docente en Évora; con Lorenzo de Cáceres, Pedro de Andrade Caminha, Manuel da Costa, Joao Fernandes, Fernando Soares Homem, Juan Fernádez de Sevilla, Antonio Maldonado de Hontiveros, Fernando Soares, Manuel Barata, etc., con quienes estuvo en Vila Viçosa; con Fernando Cardoso, Miguel de Cabedo, Jean Nicot, etc., con quienes se carteó...

Así nos consta en un documento de 1551, donde se nos dice que desempeña cargo de Maestro en la escuela regia para los hijosdalgo ("Mestre dos moços fidalgos") del Paço de Ribeira (y en su obra "De ratione accentum" nos afirma que es "aulicae nobilitatis publicus instritutor"). Luego alcanzará el puesto de Secretario de S. M. para Cartas Latinas y Escribano de la Real Cámara.

En 1555 se retirará a Torres Novas, con su hija Ángela Sigea, donde morirá en 1563, descansando su cuerpo definitivamente en la Iglesia del Carmen, iglesia conventual fundada por Jaime de Lencastre en 1558, quizá junto a su esposa (según refirió António Carvalho da Costa[6], constando además la inscripción de "Maestre da Infanta D. Catarina, filha do Infante D. Duarte" (según manifestó Gustavo de Matos Sequeira en su "Inventario artístico de Portugal. III. Distrito de Santarém"[7]).

Nimias obras de él nos han quedado. Amén de la "Relación sumaria", tenemos un "Sacerdotale volumen ad ritum Sanctae Romanae Ecclesiae scripum. In quo habentur CXL Missae quibus Portugaliae Reges interesse solemniter consueuere prae Epistolas et Evangelia quae separatim sunt de industria excripta ad faciliorem Subdiaconorum et Diaconorum usum, emendata omnia exactissime Pietissimi Johannis III Regis ductu atque imperio. Olyssipone anno salutis MDLVIII" ("Volumen sacerdotal, escrito para el rito de la Santa Iglesia Romana. En el que se incluyen 160 misas, con las que los Reyes de Portugal acostumbraron a participar con solemnidad en relación a las Epístolas y los Evangelios que se han copiado separadamente para facilitar su uso a los Subdiáconos y Diáconos, siendo enmendado todo el texto con exactitud durante el imperio del Piadosísimo Rey Juan III. En Lisboa, en el año 1557"), realizado con el apoyo del cardenal Henrique, y del que ya hizo mención el conde de Tovar en su "Catálogo dos manuscritos portugueses ou relativos a Portugal existentes no Museu Británico".[8]. A esta obra le continuará un epílogo de notas gramaticales que algunos denominan "Gramática Latina" o "De ratione acentuum", publicada en Lisboa en 1560, y que fue dado a conocer por Barbieri, cuyo texto hemos hemos reproducido en la entrada "Biografía. 05. El lugar de nacimiento de Diego Sigeo, su padre".

 





[1] «Pero es de saber que en este año de 1521, no obstante el castigo fecho en los comuneros, todavía en la ciudad de Toledo quedó aquella secta e vana opinión en los aderentes de Juan de Padilla, e por cabeça e asistente de su mala opinión doña María Pacheco, su mujer, la más determinada e furiosa hembra que en nuestros tiempos se sabe que aya avido e la más bulliciosa, e tal que se cree que ella puso a su marido en quanto mal le vino y por su consejo emprendió el cargo que tomó de la Comunidad, e ansí como le fue aconsejado le sucedió el quento de su empresa. En fin, esta mujer se enseñoreó de Toledo e hizo muchos desatinos eentre otros hizo pintar en una bandera a Juan de Padilla, su marido, degollado. E traía aquella seña por Toledo con mucha gente, e ella allí a par diciendo a bozes e con el dedo mostrando: “catad aquí la imagen de el que por vosotros e por vuestra libertad perdió la vida; hazed como valerosos e agradecidos a tan noble e querido capitán e que tanto os amó, que el mayor dolor que llevó de esta vida fue no tener muchas vidas que perder por vosotros».

Ana Díaz Medina (ed.).- Relación del discurso de las comunidades. Valladolid, Junta de Castilla y León, 2003, pp. 191-192.

 

[2]También huyó a Portugal el toledano, hermano de Garcilaso de la Vega, Pedro Laso de la Vega, quien fue junto a Juan Padilla y Hernando de Ávalos, uno de los principales cabecillas de la rebelión toledana en su fase incial.

Gaspar Frutuoso, nos lo refiere así, hablando de Beatriz de Sá, esposa de Pedro Laso de la Vega, y que para su hermano, Garcilaso de la Vega será la “Elisa” de sus poemas:

«Doña Beatriz de Sá [...] fue dama de palacio, en tiempos del rey don Manuel, el cual le dio seis moyos de trigo cada año de renta, en los propios de la hacienda de Martín Vaz, contador [...]. La cual doña Beatriz se crió con el rey don Jôao III, y marchó con la Princesa de Portugal, cuando casó con el emperador Carlos V. Y en el camino, siendo ella muy privada de la princesa, don Pedro Laso de la Vega, el que participara en las Comunidades de Castilla con don Pedro Girón y don [sic] Juan de Padilla, andando fuera de la gracia del dicho Emperador, que por aquella circunstancia le había requisado su hacienda y alcaidías y todo su señorío, viendo que por la privanza de doña Beatriz le podría ser devuelto, pensó casar con ella, lo cual se efectuó. Y por ella le fueron tornadas las villas de Arcos, Batres y Cuerva, y otras de las que antes era señor. Estando casada con él se trajo con ella y por su privanza a su hermana doña Isabel, segunda hija de Gaspar de Bettencourt, por dama de la Emperatriz, que de esta isla [de San Miguel] fue llamada para eso. [... Y murió] doña Beatriz sin tener hijos de don Pedro Laso».
(Frutuoso, G.- Ms. Saudades, f. 200r., y Livro quarto, vol. I, p. 108. Citado por M. Carmen Vaquero Serrano.- “Doña Beatriz de Sá, la Elisa posible de Garcilaso. Su genealogía. Revista Lemir, nº 7, 2003, nota 93.

 

[3] Rodríguez Villa, A..- “La viuda de Juan de Padilla”. Revista Europea. 12 de enero de 1879, número 255, pp. 33-36, et Revista Europea. 19 de enero de 1879, número 256, pp. 55-58.

En esta revista, A. Rodríguez, que hace de transcriptor de esta «Relación», nos dice que “la relación que a continuación transcribimos, tan sencilla como la misma verdad, copiada de un tomo de papeles varios de la Biblioteca del Monasterio del Escorial (ij-v-3), de letra del siglo XVI […] parece escrita por un secretario suyo”, desconociendo que era de Diego Sigeo.

 

[4] En el «Perdón general en lo de las Comunidades y la memoria de los culpados exceptados», expedido el 28 de octubre de 1.522 (Ana Díaz Medina (ed.).- Relación del discurso de las comunidades. Valladolid, Junta de Castilla y León, 2003, pág. 309 y ss.), no se incluían ni a Pedro Lasso de la Vega (procurador en la Junta), ni a Juan Padilla (ya ajusticiado), ni a su mujer María de Pacheco, ni a Pedro de Ayala (procurador en la Junta), Hernando de Avalos (regidor de Toledo)…. Antes al contrario, en cédula de 24 de enero de 1.523, se le condenaba a muerte por «aver seydo ynbentora, levantadora e parte principal caubsa de las alteraciones e movimientos, alborotos e escándalos, muertes e robos que se han hecho en estos Reynos de Castilla».

Luego, el 27 de agosto de 1525, en Toledo el emperador Carlos otorgó su gracia a numerosos caballeros que habían participado en las Comunidades, para celebrar sus bodas con su prima hermana (la primera el 1 de noviembre de 1525, y la segunda, por problemas con la dispensa papal por su parentesco, el 20 de enero de 1526. Tampoco le llegó el perdón en esta ocasión.

Lo mismo ocurrirá en mayo de 1.527, con la celebración del natalicio del príncipe Felipe. Es justamente en este perdón cuando el escudero de María de Pacheco, Diego de Figueroa, logró “componerse”.

Hubo otro perdón general que se realizó en 1529, y que tampoco alcanzó María de Pacheco.

María de Pacheco, por tanto, jamás alcanzaría el favor real, a pesar de los ruegos del talaverano Juan García Loaysa y Mendoza (confesor del rey, obispo de Osma, obispo de Sigüenza y Arzobispo de Sevilla, Presidente del Consejo de Indias, Maestre General de la orden dominica, y cardenal, Inquisidor General de España), o de los de su hermano, el infante don Fernando.

Tenemos que recordar que si después de Villalar, el Almirante de Castilla colocó una inscripción en uno de sus palacios vallisoletanos rememorando la victoria sobre los comuneros («Esta victoria que se uvo en la batalla de Villalar fue en el mes de mayo, a año de 1521, en memoria de la qual se puso una piedra de mármol negro encima de la puerta principal de las casas que el almirante de Castilla tiene en Valladolid, en la qual están esculpidos con letras de oro unos versos que dizen: “Viva el Rey con gran victoria./ En esta casa y tal vezino,/ siempre quede por memoria,/ la fama, triumpho y gloria/ que por él a España vino./ Año de 1.521», Ana Díaz Medina (ed.).- Relación del discurso de las comunidades. Valladolid, Junta de Castilla y León, 2003, pág. 186), en Toledo, como refiere M. Danvila (Del poder civil en España. Vol. V. Madrid, 1.885, pág. 98), fue destruida la casa de Juan de Padilla y María de Pacheco, luego sembrada de sal, y se colocó una columna de mármol refiriendo el suceso, que queda así relatado: «Por manera que vencida esta batalla entre los leales e servidores comuneros que pasó en aquella ciudad, en que uvo muertos e muchos heridos, como doña María Pacheco vido que el tiempo y las cosas se ivan mudando, no osó esperar más, e disimulada, vestido un capote, huyó de la ciudad e se fue a Portugal a más que de paso, e procediendo la justicia en su castigo, hizo derribar e poner por el suelo la casa de Juan de Padilla en memoria de su deslealtad. El qual edificio era de los mejores e más suntuosos de Toledo. E allí donde avía sido fundada se puso una columna con una piedra, en la qual están esculpidas estas palabras e vergonçosas obsequias que se siguen: “Aquesta fue la casa de Juan de Padilla e doña María Pacheco, su mujer, en la qual, por ellos e por otros que a su dañado propósito se allegaron, se ordenaron todos los levantamientos, alborotos, traiciones que en esta ciudad e en estos reinos se hizieron en desservicio de sus majestades los años de 1520 y 21. Mandólas derribar el muy noble señor doctor Juan de Çumel, oídor de sus majestades e su justicia mayor en esta ciudad, e por su especial mandado, porque fueron contra su rey e reino e contra su ciudad, e la engañaron so color de bien público por su interés e ambición particular, por los males que en ella suscedieron, e porque, después del pasado perdón fecho por sus majestades a los vecinos de esta ciudad que fueron en lo susodicho, se tornaron a juntar en la dicha casa con la dicha doña María Pacheco queriendo tornar a levantar esta ciudad e matar a los ministros de justicia e servidores de sus majestades; e sobre ello pelearon contra la dicha justicia e perdón real; e fueron vencidos los traidores. Pasó en lunes. Día de san Blas, tres de febrero de 1.522 año» (Ana Díaz Medina, op. cit., pp. 194-195).

 

[5] Carvalho da Costa, Antonio et Da Costa Deslandes, Valentim.- Capítulo XV. “Da Villa de Torres Novas”. Corografia portuguesa, e descripçam topográfica do famoso reyno de Portugal. Tomo Tercero. Lisboa, Valentim da Costa Deslandes, 1.706.

[6] Tovar, Conde de. Catálogo dos manuscritos portugueses ou relativos a Portugal existentes no Museu Britânico, Lisboa: Academia das ciências, 1932, pág. 305.

Carvalho da Costa, António. Corografia portugueza e descripçam topografica do famoso Reyno de Portugal, com as noticias das fundações das cidades... Lisboa: na officina de Valentim da Costa Deslandes impressor de Sua Magestade, & á sua custa impresso, 1706-1712. Vol. 3, pág. 384.

[7] Matos Sequeira, Gustavo de. Inventario artístico de Portugal. III. Distrito de Santarém. Lisboa: Academia Nacional de Belas-Artes, 1949, pág. 137.

[8] Tovar, Conde de. Catálogo dos manuscritos portugueses ou relativos a Portugal existentes no Museu Britânico, Lisboa: Academia das ciências, 1932, pág. 305.

 

 

 



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